Pedagogía Libre y Democrática
También conocida como educación libre no directiva que, a través de la libertad de expresión y pensamiento y de la investigación práctica, sitúan a l@ niñ@s en el centro de su propio proceso educativo, adecuado a sus necesidades y ritmo de aprendizaje.
La educación libre tiene sus orígenes en la pedagogía libertaria ligada a los movimientos sociales y políticos anarquista. Las escuelas libertarias desde las filosofías de los grandes pensadores anarquistas se consideran como la herramienta clave y fundamental para el cambio social que desean: una sociedad igualitaria, justa, responsable, solidaria, participativa y libre; buscan derribar las estructuras de poder establecidas, la obediencia, la jerarquía y la violencia que imperan en la sociedad.
Los principios de las escuelas libres son: la libertad, no como libertinaje, sino que hace referencia a una libertad responsable, la libertad de tomar decisiones sobre su propia persona en función de sus necesidades pero en interdependencia con las necesidades del otro y del compromiso con el colectivo.
Esto se traduce en que los niños y las niñas tienen libertad de movimiento por todos los rincones del espacio, acceso a todos los materiales y libertad de elegir sus actividades o las experiencias que hoy quieren vivir según sus propios intereses y su momento presente.Conseguir un espacio seguro y comprensivo es de vital importancia para el desarrollo en libertad del niño o la niña. Por lo tanto, hablamos de límites de seguridad y de respeto hacia el espacio, los materiales y las otras personas.
En estos espacios, se entiende que la educación se articula a través de las convivencia, de las interacciones con las otras personas. Una de las necesidades básicas del ser humano es la de amar y sentirse amado por los otros, aprender a construir relaciones personales plenas es al mismo tiempo un canal para la educación como una finalidad en sí misma; respeto al ser, a sus necesidades y sus ritmos. Un aspecto básico en estos espacios de aprendizaje es amor incondicional hacia la persona tal y como es; el acompañamiento a sus emociones desde la apertura y la no represión; la escucha consciente de las necesidades de los niños y las niñas, la voluntad de los adultos y adultas acompañantes de sus procesos de poder ayudar a satisfacerlas; y por último el respeto hacia sus ritmos de aprendizaje, sus ritmos biológicos y emocionales.
